En Febrero se efectuará una
actividad de conmemoración de los pilpilcanos, la que se viene realizando hace
algunos años. Ellos son descendientes de
quienes conformaron el campamento minero, del poblado “Pilpilco” perteneciente a una
empresa privada, y que posteriormente
fue vendida a una empresa forestal, dejando
enterrado bajo sus raíces, lo que fue ese pueblo minero. Cuentan sus habitantes, que era un pueblo -como dicen
hoy-, “con todo”. Dotada de agua potable,
casas equipadas con baño completo. Contaban con teatro, cine, estadio constituyendo
para la época, un gran adelanto -décadas 50 al 70-. Los administradores, gozaban de una enorme piscina, la que aún
permanece. Casino, comercio, reten de Carabineros, atención médica etc. Prácticamente
no necesitaban salir de allí para proveer sus hogares. Breve pincelada sobre los, “Pilpilcanos” que hoy no existen como
pueblo. Sólo ha quedado en la memoria de quienes vivieron allí. Sus ojos se
iluminan dejando entrever que aun vive en ellos las maravillas del pasado.
Pasado que no quiere desparecer. Por
ello, aproximadamente a los 47 años, de su término, se reúnen a recordar vivencias e historias,
aprisionando el lejano pasar de sus vidas.
Rolando Matus López trabajó
durante 32 años en la Corporación Nacional Forestal -CONAF-Cañete, tiempo más que suficiente para hacerse de muy
buenos amigos. Algunos poseedores de un gran talento, como poetas, escritores,
artistas, artesanos etc. Y, en la ruta
indagatoria del legado de aquellos que se preocuparon en dejar el sello o registro, en lo posible, indeleble, que pruebe su efectividad, es que fue a casa de un amigo, a fin averiguar y complementar sus recuerdos acerca de Pilpilco, ya que él también vivió algunos veranos en el poblado.
Rodrigo Morales Moraga. Una gran
persona, cuyo conocimiento en historia y en general, hizo justicia al enorme
caudal literario, histórico, informativo
y otros, que mantiene en un espacio
privado, y que gustoso nos ha enseñado con toda la paciencia del mundo.
Paciencia que solo la tienen los grandes pensadores. Aquellos personas que
giran en torno al amor, al aprecio, al gusto, al sentimiento al conocimiento. A
veces es difícil describir a quien has visto por primera vez, tal vez ni
siquiera debes hacerlo, sin embargo
Rodrigo Morales se define por sí mismo con el solo hecho de mostrar y
describir a su abuela o abuelo, a su
madre, a su hermano etc. El amor por su
familia se percibe en cada gesto. Cuando habla de su padre, sus hermanos o
madre en cada palabra, hay amor. Sus hijas, esposa... en fin, aflora su orgullo
con reserva. Eso es lo que debe tener el
ser humano…verdad?.
Nombrar a su padre, le provoca alegría, le brota de
inmediato la sonrisa. Está feliz, aún cuando él ya se ha ido. El legado de su sabiduría es
lo más importante para él.

Y como si esto fuera poco, por su parte, con la paciencia del sabio y la constancia de
años, armó una enorme Biblioteca privada, la que
mostramos en esta nota, con la
autorización que corresponde.
Sus libros y reliquias son de un valor monetario, literario y
cultural sorprendentes. No imaginable.
Hay que verlos, reconocerlos y valorarlos en su significado. Saber qué significa una obra. Qué es un libro…
a esto, agregarle que uno de ellos
data de 1774… es casi imposible creerlo verdad?.
Para ello, es imprescindible despertar la sensibilidad al arte. Cualidad que no debe
faltar a la hora de definir el valor de sucesos y cosas. Rodrigo, sin duda la
heredó de su famoso padre don
Reinaldo Morales Villagran, destacado escritor que
dedicó gran parte de su vida a la poesía e investigación en el ámbito
histórico de Cañete y su madre la señora
María Villagrán, también escritora y
poeta.
Qué bueno que existan personas
que quieran entregar parte de su esencia en los sentimientos plasmados en la
escritura para salvaguardar lo que inevitablemente va quedando atrás.
Su colección de libros, revistas, periódicos, informativos, es tan variada, que si entras allí, seguro no saldrás en horas. Hay para todos los gustos y de los años que quieras. También reliquias y/o antigüedades como radios, maquinas, películas, cassettes de música, vídeos etc.
Gracias a Rodrigo por su grata entrega, tanto de
información como de afecto, quien con Rolando hicieron que las horas se transformaran
en minutos y que ambas esposas estuviesen entretenidas con sus anécdotas.